Aquí

Amanda

¡Se acabó la soledad!

¡Así como lo leen! Los días de soledad de Amanda se terminaron.

Y ¡no! No estoy hablando de un hombre como todas ustedes piensan, el sábado pasado cuando salía de mi edificio para mi recorrido fitness, escuché un leve sonido que al principio pensé que era una risita de un niño chico, no le tomé importancia así que seguí caminando.

Mientras daba más pasos, el sonido no se disipaba sino que aumentaba. Decidí mirar al piso y me di cuenta que una pequeña bola de pelos con bigotes me veía persiguiendo desde la puerta del edificio.

No puedo definirme como una cat lover, pero esos ojos verdes y pelaje negro me atraparon al instante. Ese pequeñito cabía fácilmente en la palma de mi mano, así que mi rumbo hacía el cerro San Cristóbal cambió por una visita al veterinario con mi nuevo acompañante.

Sin pensarlo, lo adopté. Seguido a eso, me aseguré de que estuviera vacunado y desparasitado, compré su alimento gatuno, par de lindos platitos, varios juguetes, caja de arena y de repente pensé… ¡Aquí se irá mi sueldo!

¡Cambio y fuera!

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